Edwin Valero, principio y fin de una inolvidable ilusión

Edwin Valero, principio y fin de una inolvidable ilusión

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Crédito: Boxeo de Colombia

Han pasado diez años y tres días de un KO que se grabó en la retina de los amantes al mundo del boxeo: Edwin Valero escucha la campana y sale con furia sobre su rival, Antonio Pitalua, quien no encuentra la manera de neutralizar al venezolano.

El resultado final fue el esperado: Valero presumiendo su bandera y a su ‘comandante’ Hugo Chávez, a quienes inmortalizó con tinta en el pecho.

Edwin Valero era un noqueador por naturaleza. Proveniente de las entrañas de un hogar pobre -como los históricos campeones mundiales- decide tomar el destino del boxeo, sin importar un accidente de motocicleta, en el que se fracturó el cráneo. Entonces comenzó a escalar posiciones de la única forma que sabía hacerlo: Noqueando.

Lo hizo en su debut, en la siguiente pelea, y en cada una de sus 27 salidas al cuadrilátero.

Al revisar las cintas y ver la magnitud que imponía sobre el cuadrilátero, encuentras en Valero un pugilista letal y sombrío, con la bendición de los dioses al portar una mano indestructible.

El primer título mundial llegó con una antesala de 19 victorias. Con todas ganadas por la vía del KO, seguramente Vicente Mosquera, su rival de turno, tomaría precauciones y buscaría ser el matador que castiga con máxima sentencia a un toro indomable.

Sin embargo, nadie daba mucho por el venezolano. Posiblemente, esa sensación de jugar en contra pudo haber sido un detonante en su interior, para lograr la hazaña de un título mundial conseguido de la misma forma en la que había triunfado en cada pelea: por la vía del KO.

‘El loco’ Panameño hizo lo que pudo en la medida que un rival como Valero lo permitía. Fue campeón mundial hasta esa noche. Envió a la lona a Valero en el tercer round, pero él cayó dos veces en el primer asalto y hasta el momento de la detención, las tarjetas daban fe de la superioridad del venezolano.

Desde ese momento comenzó un reinado que sería defendido de la misma forma que fue conquistado: mandando al abismo del KO a cualquier valiente que se pusiera en frente. Pasó con Takehiro Shimada, a quien derrumbó en suelo Japonés; igual resultado tuvieron Nobuhito Honmo y Michael Lozada, quienes también midieron el poder de sus puños en territorio Nipón.

Con 25 peleas y un campeonato mundial sobre sus hombros, despertaba curiosidad que Valero no había defendido su cetro en Estados Unidos. La comisión no lo permitía por aquel accidente en su juventud. Sí había debutado en suelo americano: en el Génesis de su carrera enfrentó a Emmanuel Ford (5-20 hasta ese momento) y al colombiano Roque Cassiani (21-13 hasta el mencionado combate).

El que Valero no peleara en territorio americano podía deberse a su devoción -politicamente hablando- al gobierno de Hugo Chávez. El primer gesto fue el tatuaje en la zona pectoral, que salió a la luz en 2009, y su negativa de ir a luchar a Estados Unidos, dado que Valero era una imagen del pueblo y él encabezaba la lucha contra el ‘capitalismo Yankee’.

La relación con el gobierno venezolano era bastante estrecha. En 2006, le fue otorgada la medalla de ‘Héroe nacional’.

Ante la luces del estrellato, Valero posaba como un toro salvaje que merodeaba sobre el encordado como invencible. No había quien sobreviviera a la fuerza letal de sus manos.

Esa furia traspasó los límites del boxeo. Era comentado que Valero agredía a su esposa, Jennifer Carolina, hasta el punto de cometer agresiones tan abruptas que acababan enviándola al hospital.

Finalmente, fue el 17 de abril cuando su furia desbordó cualquier límite y colocó fin a la vida de su esposa, atacándola con un cuchillo hasta arrancarle el alma.

Embriagado por la desconcentración, Valero bajó hasta la recepción del hotel en donde se hospedaban para confesar su culpabilidad. Sin consolación, más que una prisión en Venezuela, el boxeador colocó fin a su vida dos días después, colgándose del cuello sujetado por sus propios pantalones.

Este fue el fin para un hombre que escribía entre puños y letras doradas una historia con final prematuro.

Por: Huber Bustamante Rebollo. – Foto: Marco Pérez Zapata // Boxeo de Colombia –Mpsportimages