Historia de amor en un cuadrilátero

Historia de amor en un cuadrilátero

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En Barranquilla, en el popular sector de Las Flores, contiguo al Río Grande de la Magdalena y muy cercano a Bocas de Ceniza, donde se ven los tajamares del río sobre el mar, nació William Urina, quien jamás imaginó que en la gran ciudad de Nueva York encontraría el destino de su vida.

Después de su carrera como boxeador profesional, llegó a la ‘Gran Manzana’, como solución a los problemas económicos que su familia atravesaba y con la intención de brindarles educación de calidad a sus dos hijos en su tierra natal. Sus deseos siempre fueron los de seguir como boxeador profesional, labor que no pudo ejecutar inicialmente por diferencias con su manejador desde el 2013. Aunque se rehusaba a abandonar ese camino, la vida le mostraría a Urina que su destino tenía otro rumbo, aunque ligado al arte de los puños.

Superando las adversidades, llegó hasta Méndez GYM, un gimnasio ubicado en el corazón de Manhattan, donde cumple las veces de entrenador, destacándose como uno de los mejores del lugar.

Ahí conoció a Lilian Davis, hija de John, uno de sus aprendices. Lilian es una neoyorquina que le daría un vuelco a la vida amorosa de William. Inicialmente la relación entre ambos fue casi imposible. Los horarios diurnos de Lilian y los nocturnos de William impedían una cercanía entre ambos.

“La primera vez que vi a William fue cuando mi padre nos presentó, ya que él entrenó a mi padre cuando comenzó en el gimnasio. Él no sabía hablar inglés, mejor dicho, no sabía nada y por alguna razón mi padre estaba muy emocionado con él y me dijo ‘ven y conoce a William, ¡él peleo por un título mundial! Y yo recuerdo, no sé por qué, nuestro primer encuentro. Fue ‘¡hola!’”, dijo Lilian.

Así nació su relación. Paradójicamente no fue en un parque, un restaurante o en cualquier otro lugar de ambiente romántico, mucho menos con caricias, rosas o chocolates. Sobre un ring, entre guantes y cuerdas, entre golpes y sudor, con guantaletas y demás ejercicios fue donde ambos fortalecieron su hilo rojo.

“Podíamos comunicarnos, no podíamos hablar, pero teníamos una química rara. No me acuerdo si fue antes o después de salir, pero hubo un momento en que estábamos en el gimnasio entrenando, él tenía los guantes y yo estaba pegando y él me decía ‘¡sigue, sigue, sigue las combinaciones! No sé por qué se sentía raro, romántico, aunque solo estuviera boxeando fue lindo”, recordó la fémina.

Al principio fue un paso difícil de tomar y casi secreto. Lilian temía por las reales intenciones de William, pero confiando en el dictamen de su corazón, decidió emprender una nueva aventura al lado del colombiano, actuando sin hacer pública su decisión.

“No le dije a mucha gente cuando me casé  y pienso que fue porque no quería  escuchar lo que tenían que decir. Sí hubiera podido haberle dicho a mucha gente, pero estaba preocupada por lo que fueran a decir y no podía permitir que me influenciaran. No estaba preocupada por sus intenciones y no me preocupaba porque me estaba casando y no quería escuchar a otra gente”, confesó la mujer.

Fue así como ambos decidieron dar el paso hacia el matrimonio. Luchando con el escepticismo de personas allegadas, William y Lilian dieron el sí, guiados únicamente por el sentimiento más puro y con la fiel intención de mantenerse juntos el resto de sus vidas.

Por: Redacción BDC – Vídeo: Marco Pérez / Mpsportimages.com