John Lenon, la figura naciente del boxeo antioqueño que noqueó a las drogas y sueña con la Selección

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Después de perder por decisión dividida ante Albeiro Paredes (Atlántico) la final del Nacional de Mayores que se celebró en Barranquilla, John Lenon quedó postrado en una silla, con la insatisfacción de haber incumplido la promesa hecha a su novia, Ana María Uribe.

Su sudor corría por todo el cuerpo, su cabeza gacha y sus dedos entrelazados denotaban tristeza por no colgarse la medalla de oro, aunque su presentación fue bastante buena.

Ni la voz de aliento de sus compañeros, ni los vendedores, ni la algarabía que se vivía en el coliseo de la Escuela de Suboficiales ARC ‘Barranquilla’ por la emoción que generaba la siguiente pelea sacaba la mirada de Lenon del vacío en el que estaba postrada.

Sin embargo, el recuerdo de su infortunado pasado siempre lo motiva a seguir lanzando golpes para obtener un futuro mejor.

Un duro camino

John Lenon Gutiérrez Agudelo nada tiene que ver con el famoso cantante británico que popularizó el rock en los años sesenta con su grupo The Beatles. No tiene el cabello largo ni liso, no usa gafas redondas, no habla inglés y si de música se trata prefiere el reggae.

Ni siquiera el nombre es el mismo, pues el del antioqueño tiene una ‘n’ menos. “Eso es error de registrador”, comentó entre risas.

Aparte de sus 1.80 metros, el cantante y el boxeador comparten un nacimiento difícil. El primero vio la luz en 1940, cuando los aviones nazis bombardeaban Liverpool, mientras que el segundo lo hizo el 12 de junio de 1994, una de las épocas más violentas de Medellín.

Su niñez no fue la deseada. Vivió hasta sus nueve años con sus padres, su hermana, su abuela y sus tíos en una humilde vivienda en el barrio El Guayabal, hasta que por problemas económicos debieron separarse.

Junto a sus padres y hermanos se movió durante 2 años por diferentes sectores de la capital de Antioquia, hasta que a sus 11 años emigró a Itagüí.

“Nos pasa a la mayoría de los colombianos que no tenemos casa propia, vivimos donde nos toca”, expresó, mientras me explicaba con su marcado acento paisa que no lo llamara John o Gutiérrez, solo Lenon. “Es que mi nombre es único (risas) y en los campeonatos me lo quitan”.

Lenon tuvo un pasado ligado a las drogas. Creció en medio de anomalías familiares: su padre tenía problemas de drogadicción que causaron algunas calamidades, por ello él, su madre y su hermana debieron alejarse de éste.

“Hubo situaciones con mi madre que no toleré. Decidimos hacernos a un lado. Nos tuvimos que ir sin que él se diera cuenta, para que no nos buscara y no nos pusiera más problemas”.

Lo que más le dolió de alejarse de su progenitor fue también hacerlo de su abuela María Trinidad, quien era “una segunda madre”, aunque con ella mantenía contacto telefónico y algunas visitas esporádicas.

Con las deudas agobiantes, a sus 13 años Lenon no tuvo otra alternativa que comenzar a trabajar en un taller de soldadura, propiedad de sus tíos, con el que generaba un ingreso de 50 mil pesos a la semana, que debía administrar para una correcta inversión.

Junto a su madre, quien realizaba oficios varios en casas vecinas, pagaban los servicios básicos, y con ayuda de su abuela cancelaban el arriendo, hasta que ésta falleció hace algunos meses debido a una enfermedad vascular.

No obstante, la repartición del dinero devengado no era la correcta. Lenon utilizaba sus ganancias para el consumo de marihuana, a la cual acudió por primera vez a sus 11 años debido a los múltiples problemas familiares que atravesó con su padre.

“En el Área Metropolitana de Medellín  es muy fácil caer en la redes de la droga. Lamentablemente caí en esto desde muy joven. Me volví adicto a la marihuana”, confesó Lenon, quien en ese momento se levantaba muy tarde y su única distracción era el mencionado vicio.

En medio de esta problemática Lenon ingresó al boxeo. Ocurrió un día como cualquier otro cuando tenía 15 años, sentado en una de las bancas de un parque cuando Dennis Leandro, un joven entrenador de este deporte, lo invitó a su club.

En su andar deportivo conoció al también entrenador Manuel Mendoza, quien fue una persona clave en su superación personal, como él mismo lo reconoce.

“Gracias a Dios encontré el boxeo y conocí a mi profesor Manuel Mendoza que es un mentor para mí. Me mostró el camino y me acompañó, me dijo que yo podía y aquí estoy hace siete años. Gracias al boxeo le doy calidad de vida a mi mamá, a mi hermana y vamos pa’ lante”, comentó mientras una humilde sonrisa se dibujó en su rostro.

Comenzó su experiencia boxística

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Cuando ingresó al Arte de Fistiana John Lenon lucía unas rastas y su aspecto era un poco descuidado. El cabello lo usaba de esa manera para emular al famoso músico jamaiquino Bob Marley.

Seis incansables meses tardó Lenon para lograr el llamativo corte de cabello, pero la orden de su entrenador Manuel Mendoza fue clara: “Lenon córtate eso que así no puedes ir a ningún campeonato”.

“Mi misma madre fue la que me los cortó. Me dolió, pero ¡ash! yo siempre he sido decidido en mis cosas, le eché pa’ lante y hágale que yo me voy a cortar los ‘drelox’ (dreadlocks)”.

Lenon asistió al campeonato departamental que se desarrolló en Santa Rosa de Osos. Compitió con sólo tres meses de preparación, pero le bastó para coronarse campeón en los 54 kilogramos.

Sin embargo, la experiencia que más recuerda no es esa. Lenon muy poco estaba acostumbrado a madrugar y Manuel Mendoza lo llamaba a las 5:00 de la madrugada para que se diera una ducha y aunque entraba al baño nunca dejaba caer el agua en su cuerpo.

“Es que allá hace mucho frío (risas). Yo me levanto a la 5:00 y en el baño había hielo y yo dije ‘no marica’ (risas). Yo abrí un chorrito chiquitico chiquitico y eso me quemaba y mejor no me bañé (risas)”.

Dos días mantuvo este comportamiento Lenon, hasta que en un entrenamiento su estratega sintió “un olor fuerte a boxeador”.

“Me tocó decirle la verdad (risas). Ese día me echaron pomada caliente y yo sentía como si las axilas se me estuvieran cayendo”.

Posteriormente Lenon fue campeón en los 57 kilogramos en Apartadó, y 60 kilogramos en unos departamentales en 2011, año en que dejó la drogadicción y fue convocado a Selección Antioquia, con la que consiguió el campeonato de los pasados Juegos Nacionales.

Un llamado que aún no recibe

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“Los llamé a todos, a Ceiber, a Yuber y a Vivas y a todos los habían llamado, enseguida supe que no me iban a llamar”, dijo John con voz baja y arrugando un poco su cara en gesto de inconformismo al ser el campeón nacional de los 60 kilogramos y no ser tenido en cuenta para el ciclo olímpico de la Selección Colombia con miras a Río 2016.

Lenon confesó que fue tanto su desazón que estuvo durante varios meses sin asistir a sus entrenamientos, pero Ana María Uribe, una joven con la que sostiene una relación amorosa desde junio de 2015, lo motivó a seguir adelante.

“Ella me dijo que si no me habían llamado me coronara campeón nuevamente y por eso vine a Barranquilla, para ser campeón del Nacional de Mayores”.

Una vida totalmente distinta

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A Lenon la madurez le llegó muy rápido. A sus 22 años ya tiene una familia a cargo dándole condiciones de vida digna con recursos generados por el boxeo.

“Mantengo a mi mamá porque no dejo que trabaje, ella se mantiene como una reina en la casa. Ahora la meta es poner a estudiar a mi hermana (estudios superiores)”.

Al igual que como lo hizo su hermana de 20 años, Luisa María Gutiérrez, John también sueña con terminar su bachillerato, en el que no siguió por problemas económicos y el cual no reinicia por falta de tiempo.

“Tengo ganas de salir adelante, no estoy cursando 11° por situaciones deportivas. El boxeo me ha dado la vida y si me toca escoger entre mi educación y mi deporte, siempre va a estar mi deporte porque es el que me está dando la papa”.

Además, por sus buenos resultados, Lenon se destaca en Itagüí por ser formador de jóvenes talentos en el municipio, trabajo que le brindó la Administración de ese lugar

“Ellos conocían mucho mi caso, mi proceso deportivo, mis grandes resultados y decidieron apoyarme. Hasta el día de hoy aún lo hacen. Ese ha sido el sustento para mí, para mi familia y para seguir adelante con este maravilloso deporte”.

A pesar de haber superado la difícil vida de los agobiantes problemas económicos, familiares y personales, Lenon se rehúsa a olvidarlos y prefiere tomarlos como una enseñanza. Por ello adorna su cuerpo con ocho tatuajes, cada uno con su significado.

Aunque parece que ya no cabe uno más, Lenon prometió hacer espacio para plasmar el dibujo de su mascota, “un gato hermoso que es parte de mi familia”.

Los más emblemáticos son los dos que tiene en el pecho, con leyenda de Luz Elena y María Trinidad, su madre y abuela. Además del que luce en su brazo izquierdo, que muestra dos guantes colgados marcados con una ‘M’ cada uno, en alusión a su entrenador Manuel Mendoza, de los cuales emanan dos gotas de sangre y un mensaje que resume toda esta historia: voluntad indomable.

Por: Jeffry Almarales Nieto / @JeffryAlmarales