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Los Adorno, una familia dispuesta a cumplir el sueño truncado de su padre

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¿Cómo un clavo frío pudo cambiar el destino de un hombre que soñaba con ser el sucesor de cualquier estrella  de Puerto Rico en el boxeo?

A sus 22 años, Aníbal Adorno estaba tratando de instalar un aire acondicionado en su casa, usando como herramienta  una pistola de martillo. Al jalar el gatillo nunca se imaginó que ese pedazo de acero tocaría la pared y como un resorte se devolvería, entrando en su humanidad, exactamente en su ojo izquierdo, llevándose todas las esperanzas de seguir en este deporte.

“No tuve ningún familiar que practicara boxeo, lo mío fue porque era de Puerto Rico y lo veía en las calles. Empecé a practicar boxeo desde los 16 años, hice muchas peleas como amateur y a raíz de mi accidente a los 22 paré, fue una frustración para mí cuando me dijeron que no podría pelear, se me cayó el mundo encima. Yo no había hecho más nada, no continué estudios  y solo me enfoqué a  boxear”, recordó Adorno, aún con la nostalgia de ver su sueño truncado.

Adorno llegó a Estados Unidos en el 2008, procedente de la ‘Isla del Encanto’, junto con su numerosa familia familia numerosa, conformada por seis hijos –cinco hombres y una mujer–. Sin embargo, y pese a tener varios varones entre sus descendientes, jamás pensó que uno de sus hijos quisiera emular sus pasos, o mejor, su puños de boxeador.

“Un día  empecé a entrenar a mi hijo mayor de cinco años, todo comenzó como  juego y hasta el día de hoy, con 19 años, no  ha parado.  Lo sigo entrenando. Lo que yo no pude hacer, él lo está haciendo y va más avanzado”, dijo.

Su mayor orgullo en estos momentos es su hijo Joseph Adorno, boxeador firmado por una gran promotora, de las más poderosas y añejas del mundo: Top Rank.

Su invicto de doce peleas en el peso ligero es forjado en su propio gimnasio, Adorno Boxing, situado en el estado de Pensilvania, donde también entrenan sus otros cuatro hijos.

“Todos mi hijos son diferentes, todos son como los dedos de mis manos, no son iguales, pero lo que sí te puedo asegurar es que cada uno tiene su talento, porque pueden ser diferente personalidades, diferentes en estilo de pelea, pero todos saben lo que quieren en el boxeo”, comentó.

Aunque el futuro siempre será incierto, hay algo claro en el pensamiento y sentir de Adorno: siempre quiere estar en la esquina de sus hijos, apoyarlos incondicionalmente y convertirlos en campeones mundiales, para disfrutar desde afuera lo que el destino le privó de hacer desde adentro.

Aníbal tiene en su equipo una tropa dispuesta a romper récords. Los Adorno están dispuestos a hacer historia.

“El cuento ese de que los padres le dañan las carreras  a sus hijos en el boxeo, eso es mentira. Yo se separar los roles de padre y entrenador. En la historia, los grandes boxeadores se han creado porque el padre siempre estuvo involucrado”, agregó.

Siempre recuerda lo que le paso ese día cuando perdió su ojo, ya no con frustración si no con orgullo de ver a sus hijos en este camino tan duro como  este deporte, que este accidente les cambió la vida no solo a él, sino a toda su familia que los hace ser mas unidos que nunca.

Por: Marco Pérez / Foto: Marco Pérez – MPSPORTIMAGES.COM