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“El boxeo me enseñó a sufrir”: Yordenis Ugás

La isla de Cuba es uno de los lugares que mejores boxeadores entrega al boxeo de América. En los últimos años una camada de interesantes nombres saltó hasta Estados Unidos, persiguiendo el sueño mundial, puesto que, en su país, el pugilismo profesional está prohibido.

Han sido interesantes peleadores, entre ellos Yuniel Dorticós, Luis Ortiz, Rancés Barthelemy, Yuriorkis Gamboa, pero hay un nombre especial y es el de Yordenis Ugás, un hombre que desde niño se encaminó hacia el arte de los puños.

Su conexión con el arte de fistiana nació cuando apenas tenía seis años. “Fue un amor a primera vista. Llegué y nunca me fui”, dijo el propio Ugás.

“Ese momento nunca se me olvida. No era solo mi momento, sino el momento del boxeo. Yo estaba en la escuela y estaba en Educación Física y un día nos llevaron a un parque donde al frente había un gimnasio de boxeo y estaban dos muchachos haciendo sparrings. Ese día iba a marcar mi vida. Esa tarde llegué a mi casa y le dije a mi mamá que iba al gimnasio”, comentó Ugás en conversación con Boxeo de Colombia.

Como es natural, muchos se opusieron a su práctica, pero no su madre, quien perfectamente pudo pedirle que se dedicara a la milicia o al estudio de alguna carrera profesional, los otros amores de Yordenis.

Así comenzó la carrera amateur de Yordenis Ugás, que debió terminar antes de lo pensado. “Cuba es un país con techo para el boxeo. Ya nosotros estamos más arriba de lo que podemos. En Cuba no sueñas con ser campeón mundial, sino campeón olímpico. Los cubanos dejamos la familia y no sabemos cuándo vamos a regresar. Eso es lo más difícil de pasar al profesional. Yo duré seis años acostumbrándome y nueve en volver a Cuba”, señaló.

Cruzó el charco buscando su propio sueño americano, que no tuvo un comienzo feliz. Se preparó para su debut en mayo de 2010, pero impresionantemente su pelea se canceló a última hora, pues primero se celebraron los combates televisados y cuando estos acabaron era demasiado tarde, por lo que los promotores prefirieron acabar el cartel, también ante la masiva marcha del público presente.

La imagen de un Yordenis destrozado y llorando en un desolado camerino siempre se mantendrá en la mente del propio Ugás, quien dos meses más tarde tuvo su esperada oportunidad. Fue el 9 de julio del mismo año, enfrentando en Atlanta a Dino Dumonjic y ganándole por decisión de cuatro asaltos, en una reyerta organizada por Caribe Promotions.

Sin embargo, su carrera no fue la esperada. Sus malas relaciones con sus propios manejadores lo dejaron a mitad de camino, con un poco vistoso récord de 15-3 y con 28 años de edad.

Residía en la ciudad de Nueva York, sobreviviendo a la vida, puesto que se mantuvo durante 27 meses por fuera del boxeo, sin devengar salario fijo y teniendo necesidades básicas sin suplir.

“Realmente la pasé bastante mal sobreviviendo en Nueva York, pero son cosas que te marcan y te enseñan. Yo necesitaba que las cosas fueran mejor, empezando por la gente a mi lado. Yo sabía que iba a tener una oportunidad, porque tengo buena barbilla, corazón hacia Dios y soy valiente”, recordó.

Después de ello, volvió al boxeo y consiguió una racha de ocho victorias antes de su oportunidad mundialista contra el campeón del CMB, Shawn Porter, terminando todo en una controversial decisión dividida a favor del estadounidense.

“Fue un antes y un después en mi carrera. Fue mi primera oportunidad titular y fue contra uno de los mejores campeones de mi generación. Hay gente que llega a sus campeonatos fáciles, yo duré nueve años. Fue muy duro, pero cuatro meses después regresé. Lo que he hecho pocos lo hacen. Vine de la oscuridad cuando tenía ese 15-3 hace dos años y medio. Un hombre con 15-3 y con 30 años no va a ningún lado. Hoy en día soy de los mejores wélters del mundo, me ha tocado duro”, contó.

Hoy vive cómodo en Miami, teniendo su campo de entrenamiento en Las Vegas, manteniendo viva la llama mundialista. “Me gustaría Spence, sería una buena pelea para mí”, manifestó. “El boxeo lo es todo, cambió mi vida, siempre fui un niño diferente. Uno aprende a sufrir”, cerró.

Por: Jeffry Almarales Nieto

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