Madre, entrenadora e ídolo: Ingrit y su legado en el pequeño Jhojan

Madre, entrenadora e ídolo: Ingrit y su legado en el pequeño Jhojan

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Crédito: Cortesía Ingrit Valencia

Si hay una familia en donde se respire boxeo es en el hogar Ortiz Valencia, en Ibagué, donde Ingrit y Raúl conviven con sus dos hijos.

El sueño olímpico de Ingrit nació en el 2010, el mismo año en el que se conoció con Raúl en la Liga de Boxeo de Tolima. Posteriormente en el 2011 ambos pasaron al combinado nacional, representando a Colombia en dos Juegos Panamericanos, unos Bolivarianos y otros Centroamericanos.

“Fue un gusto. Comenzó por miradas, por gestos, por detalles. Me di cuenta cuando empezamos a viajar a eventos. Yo salía y cuando yo llegaba a donde él estaba se enojaba, eso me pareció curioso porque un entrenador no es así. Yo en los entrenamientos sentía miradas y era él. Nos escribíamos por pin o por Messenger y así surgió lo de nosotros. No es común, porque Raúl no es lanzado ni irrespetuoso, no hizo mucho escándalo y fue muy sutil”, dijo Valencia, invitada especial a BDC Podcast, que se emite todas las noches de lunes a viernes por nuestro canal de Facebook.

A esta relación de atleta-entrenador se sumó un nuevo integrante: Jhojan Aguirre, hijo de Ingrit, quien con tan solo 13 años ya repunta como uno de los prospectos en el boxeo colombiano, incluso siendo campeón de un nacional infantil.

“Es un niño bastante fuerte, tiene técnica, es rápido y explosivo. Su pegada es bastante fuerte. Tiene 13 años y pesa 60 kilos. Él se decide por esta carrera porque me ve a mí y cuando sube al ring le fluye el boxeo. Espero que siga y no se aburra, porque en los hombres es muy fuerte porque pegan más duro. Yo lo apoyo hasta donde él llegue, a donde vaya a pelear, allá voy a estar yo”, comentó Ingrit.

Y es que a cualquier madre le gustaría ser la fuente de inspiración de su hijo y en eso se convierte Ingrit para Jhojan, puesto que, desde muy niña, cuando vivió en Morales o en Cali siempre se mantuvo allegada al deporte.

“El deporte siempre me hizo feliz. No era boxeo, pero sí fútbol, cualquier cosa en la que tuviera que correr, lanzarme y así. Yo conocí el boxeo cuando tenía 14 años y decidí practicarlo en serio cuando me preparé para Sudamericanos en 2010 en Medellín. Me decían que me iba a volver hombre, que tenía músculos, que caminaba raro, que se me abría la espalda, que mi pecho no es el de una mujer, pero es que todo se tonifica y uno coge masa muscular. Pero la gente no entiende que el deporte de alto rendimiento cambia el cuerpo, pero cuando se deja tu cuerpo vuelve a la normalidad. Me decían que, si no me daba pena, pero yo no le presté atención a las cosas”, adujo.

“Es un orgullo que mi hijo siga mis pasos y haya escogido mi deporte. Es un niño y está forjando su camino, pero para mí sería mucho más grande que pueda mezclar el deporte con la parte académica, sería la mamá más orgullosa. Yo debo guiarlo y hacer que su sueño se cumpla, pero lo más importante es que sea un hombre de bien”, añadió.

Separar los roles de madre y entrenadora de Jhojan no es fácil y eso lo reconoce Ingrit, quien manifestó perder el control cuando conforma las esquinas de su retoño.

“Me duelen más los golpes que le dan a él, cuando le dan uno siento que me muero (risas). Yo le grito a mis compañeros cuando están compitiendo, te puedes imaginar cómo es con mi hijo, me desespero. Yo estudio a su rival y le cuento qué debe hacer y esa parte él la entiende bien, es muy inteligente para pelear y espero así se mantenga hasta grande. Yo grito, grito y grito cuando no hace las cosas bien”, expresó.

Por todo lo anterior, la cuarentena por causa del COVID-19, por más negativa que sea, ha permitido a Ingrit pasar más tiempo con su hijo, y de paso entrenarse con él en casa.

“Yo me he disfrutado esto, independiente de la pandemia que me tiene triste porque canceló muchas cosas y está muriendo mucha gente, pero yo lo he disfrutado porque estoy con mi hijo. Yo lo dejaba desde pequeño y por mis viajes lo veía intermitentemente, muy pocas veces en el año. Ese tiempo no se recupera, pero estoy viviendo momentos que no había vivido. No me aburro por eso, porque comparto, juego, cocino y eso me pone muy contenta. Pero a mí no me gusta la calle, yo viajo porque me toca”, reconoció.

Mientras el confinamiento termina, Ingrit entrena en casa, practica juegos de mesa, ve películas y cocina, pero siempre manteniendo su mirada en Tokio 2021, pues manifiesta extrañar el boxeo, al que catalogó “un deporte adictivo”.

Por: Jeffry Almarales Nieto